Como un látigo la voluntad del ente alado la empujo y ella como un esclavo siguió sin cuestionar a su hostigador y en su alma se abrieron llagas sobre llagas, hasta que se volvieron ulcerosas. Sus actos tiñeron de rojo su ser, el rojo de la sangre que derramo. Un instrumento preciso y afilado de la furia divina.
Arte: José muñoz
